Gomez, la virtud de la espera

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Tengo que reconocer que le guardo un cariño muy especial al disco debut de Gomez Bring it On (1998) , ganador de aquel año del pregistioso premio británico Mercury Music Prize .
No sólo porque se ganó mi confianza ciega con el single 78 Stone Wobble sino por el inclasificable sonido que transmitían en unos años en los que Massive Attack (Mezzanine) , Suede (Coming Up), The Verve (Urban Hymns), Radiohead (Ok Computer), Pulp (This is Hardcore) o Portishead (Dummy) reinaban y se ganaban el favor de la audiencia y de la crítica.
Era lógico pensar que las bandas surgidas después beberían de estos y otros discos de la temporada.
Dio la casualidad que los teloneros de un concierto en Barcelona de PJ Harvey cayeron del cartel (The Dirty Three) y se anuncio que su puesto lo ocuparía Gomez cuando ni tan siquiera habían publicado el álbum. La larga canción Rie’s Wagon hipnotizó la sala y la hizo enmudecer hasta hacer olvidar que a quien estaban esperando era PJ Harvey quien, por cierto, hizo un concierto espléndido.

La trayectoria de la banda británica ha tenido desde entonces muchos momentos irregulares.
In Our Gun (2002) les volvió a situar en la brecha después del muy irregular Liquid Skin (1999).
Con siete álbumes de estudio hasta la fecha se podria afirmar que Gomez realizan música de género variado y estilos diferentes con los que saben moldearse disco a disco.
Muchas canciones parecen transformarse en otras mientras suenan, demostrando su versatilidad y su valentía en experimentar sin perder personalidad.
Quizás sea más una virtud que un defecto pero vistos los resultados ha perjudicado más que cualquiera otra cosa.
Hacen grandes canciones, enormes, brillantes pero no les sale un buen disco.

Ejemplo de ello son How We Operate

o la preciosa balada We Haven’t Turned Around (y su inquietante video)

Quince años más tarde Bring it On sigue siendo el mejor disco de Gomez aunque se le pueda señalar como un álbum ausente de concepto global,  dejando un tufillo a greatest hits sin conexión alguna entre los temas, lo que vendría a ser buscar la perfección, y tampoco haría falta.

Aún así, el disco fluye con melodías que surgen sin esfuerzo. Dominan todos ellos varios instrumentos, lo que ayuda a que sepan interpretar la pausa y los silencios de las canciones entre ellos, que bien pensado no suele respetarse demasiado hoy en día.
Las guitarras, las voces, los teclados y la percusión se acompañan sin zancadillearse.
Aunque británicos siempre se han sentido afines a la cultura musical norteamericana y han mirado más allí que en su tierra. Quizás les ha ayudado la inclusión en bandas sonoras como American Beauty, 60 segundos o las televisivas House o Grey’s Anatomy. a ganar más dinero pero tengo la teoría que cuando una banda se convierte en asidua en bandas sonoras de todo tipo es una muy mala señal.
Aunque ahora parezca una banda completamente deshubicada (incluso Ian Ball ha publicado disco en solitario) Gomez siempre merece ser vigilada de reojo porque, en definitiva, el talento nunca se pierde.

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