Totoro, Pixar y Kellogs

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Cuando era tan pequeño que en la escuela no había (casi) deberes volvía del colegio y merendaba un bol bien grande de leche (y dos cucharadas de Nesquik) con Frosties de Kellogs . Otros días mi querida abuela me hacía los mejores crepes del mundo. Lo que no faltaba nunca era una visita a todas las películas en VHS que había por casa y cada día miraba un trozo distinto. Aunque fuera un renacuajo me lo pasaba en grande con los hermanos marx, con el blanco y negro de cintas como Johnny Guitar, me reía con Billy Wilder y Blade Runner me dejó sin palabras. Así que con una infancia sin demasiados dibujos animados no es de extrañar que ahora sienta cierta debilidad por la animación. Lo veo casi todo, sin excepciones. Fui al cine a ver El Rey León y Toy Story, dos películas con las que todos estaríamos de acuerdo en que marcan un antes y después para el género.

No recuerdo en qué película en su edición en dvd incluía un reportaje  en la que  John Lasseter aseguraba que una de sus máximas para cada producción de Pixar era saber qué había en cada cajón, una exigente manera de comprobar la perfección y la atención a los detalles que ponen en cada película. Una frase que escuché como una revelación divina. Aunque no se mostrara en las películas valía la pena conocer todos los elementos que fluían alrededor de los personajes y de la historia. Las películas entonces tienen un carisma auténtico y real que da a Pixar una característica que otras productoras de animación no tienen. Son igual de entretenidas ahora que en el día de su estreno, y lo serán de aquí quince años, cuando quiera volver a ver las aventuras de Woody y Buzz.

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Pero no es Pixar todo lo que reluce. Las dos partes de Cars, la sosa Brave y la infravalorada Bugs, pese a ser técnicamente impecables no pueden competir con las demás, todas ellas obras maestras. La llegada inminente de la pre-secuela de Monster S.A me parece un simple pero gigante paso atrás para la compañía que en su momento dijo que nunca harían segundas partes, a excepción de Toy Story, aunque concretamente no sea una continuación, pero ustedes ya me entienden.

Muchos se deben estar volviendo locos hablando de Pixar antes que Miyazaki pero antes solo una reflexión. Brillantes películas como Blancanieves (1937), Pinocho  o Fantasía (ambas, 1940) tienen más años que muchos de nosotros juntos debería hacer reflexionar a más de uno. Así que al rincón de pensar.

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Y sí, los Studio Ghibli han mantenido un nivel excelente siempre a la sombra de las producciones con más dinero para poner publicidad en bebidas y en toallas de playa. Sin embargo, siempre han estado ahí, luchando contra la tecnología y ofreciendo algo más que una simple película. Totoro, uno de los iconos de la animación, data de 1988 y a día de hoy parece un símbolo más moderno que el pájaro de twitter. Siguen realizando cintas tan simplemente bonitas que echar un vistazo a la televisión infantil dan ganas de sacarle los ojos al niño.

Hoy no hablaré de una de mis cintas de animación favoritas: El Gigante de Hierro. Queda para el próximo día.

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