The xx: la grandeza de lo simple

Tuve la suerte de escuchar el primer disco de The xx sin haberme contagiado de todas las críticas y análisis que lo encumbraban como el disco del momento, del año y uno de los elegidos de la década.
Posiblemente, la influencia de los medios en encumbrar (y también en hundir) a muchas bandas seguramente hubiera influido en la primera escucha. Queramos o no, el entorno nos condiciona.
Por eso siempre defiendo llegar a una obra, más si es un primer libro, película o disco, con las menores referencias posibles, y si se es de esa naturaleza curiosa, como un servidor, esperar a que la obra llegue a ti. Forzar las situaciones no es nada bueno.

The-xx

The xx es una banda insultantemente jóven y, por tanto, hábiles con la tecnología, nacidos en la era digital, educados en la rapidez del consumo, conocedores además de mucha cultura musical y, sin embargo, el disco es tan simple y limpio que el resultado tiene tanta personalidad que abruma.
Es por la sobriedad y madurez que presentan.
¿Qué disco publicaran en diez años? Imaginar qué pueden llegar a componer da para reflexionar un rato.
Porque la realidad es que con una guitarra y un bajo, dos simples instrumentos, consiguen una complejidad que muchos encuentran en la espesura. Con The xx las cartas están sobre la mesa.
Entiéndanme, no han inventado nada, pero es una gran satisfacción comprobar cómo aún queda camino por recorrer con seis cuerdas y saber que hay rincones aún para explorar.

Por las canciones no entra ni un rayo de sol. Hay mucha destreza en los sinuosos caminos marcados por las guitarras, acompañadas por un simple bajo y una caja de ritmos que ni entorpecen ni abusan de protagonismo. Porque el silencio forma parte del discurso y dice tanto como las letras, llenas de soledad, tristeza y desamor.

El manejo de las melodías, cantadas a dos voces, da un resultado que hipnotiza. The xx te deja aturdido de tal manera que la experiencia requiere otra escucha para comprobar que lo que has vivido es cierto. Sorprende, en cierto modo, que un grupo tan joven, acostumbrado hoy en día a la mezcla abusiva de instrumentos, saque un disco tan austero y maduro.
Su primer disco, en general, es muy compacto, pocas cosas se pueden criticar, salvo que sus canciones no ayudan a mejorar un día gris.
Resulta muy difícil quedarse con un tema, con dos o tres.

El reto, como ya es habitual, suele ser el segundo disco, al que titularon Coexist que ratificó que la banda no es flor de un día. Saben lo que quieren y cómo lo quieren. No hay mejor manera de demostrar la salud de un grupo sonando en el próximo disco del mismo modo pero con una evolución más. Coexist, a mi parecer, no es tan sombrío (quizás el blanco de la portada no es casualidad) como el primero y aunque se identifican en todas las canciones, desprenden cierta esperanza, como si aún nada estuviera perdido.

The xx es de aquellas bandas que se desmarcan de todo y sobresalen, nadando contra corriente, entre todas esos grupos de los que cuesta acertar los nombres por su parecido. Al final, los más valientes son los que logran sobrevivir la peor de las batallas.

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