Hachiko: el cine es mentira

No es que no me gusten las películas de animales. Como con todas, al fin y al cabo, si entretiene no le doy ascos a nada.
Incluso aquellas en las que los pobres animales mueven la boca y hablan.
Confesad, malditos. Todos hemos sido pequeños y las hemos visto con los ojos como platos.
Menos mal que hemos crecido y las modas han evolucionado, no sé si para bien.
Pero ahora la tendencia en el cine es contarnos historias maravillosas sobre perros, gatos, caballos, ballenas o delfines y la extraordinaria relación que mantienen con los dueños que le han salvado la vida. Tampoco nos olvidemos de aquellas historias que, aunque separados por el destino durante años, el final feliz nos demuestra que la amistad con un animal es para siempre. Son películas hechas para el público infantil y juvenil, y desgraciadamente a menudo se trata al pequeño espectador como un imbécil, alejándolo de la cruda realidad del mismo modo que con Disney algunas chicas siguen esperando al príncipe azul.
 

Hachiko (2009) es una maravillosa (y triste) historia basada en hechos reales que hadejado ríos de lágrimas a sus espaldas. El perro es la mascota que mejor entendemos. Sus historias en la gran pantalla, nos emocionan y afectan porque vemos en sus ojos, en sus orejas y en su cola una forma de comunicarse que nosotros entendemos y reconocemos. Pero no nos engañemos, tras una historia como la de Hachiko hay miles de desgraciadas, la mayoría anónimas, que definen la realidad de la amistad entre el perro y el hombre.

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Viendo Hachiko uno se olvida de los abandonos, de los maltratos, de la crianza irresponsable…
Compruebo con asombro que en IMDb la película tiene una puntuación de 8.2 basado en más de ochenta mil usuarios que la han valorado hasta hoy.
Su puntuación es lo más parecido a los likes vistos en facebook sobre historias de supervivencia canina con final feliz, a la cantidad de denúncias de imágenes de unos hijos de puta con una cabeza de un perro posando orgullosos, a la búsqueda desesperada de perros perdidos o de protectoras incapaces de repartir las mismas fuerzas con la llegada contínua de perros abandonados en sus puertas.
En definitiva, levantar el puño en busca de justicia animal tras la pantalla de un ordenador.
Aún así, la gente hace lo que puede y como quiere.
Pero el cine es mentira. Nos gusta que nos engañen y nos confundan, que nos alejen de la (triste) realidad.
Es mejor creer en un final feliz, en la amistad eterna y en el amor verdadero.
Son dos horas de evasión, de soñar y de pensar que todo es posible. Eso es el cine. Para bien y para mal.

 

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