Broken Bells, la vida maravillosa de Mark Linkous

AfterDisco_zpsfd37ea86
Para qué engañarnos, no fue una sorpresa el suicidio de Mark Linkous. Durante la gira que hizo con Radiohead para promocionar su primer disco como Sparklehorse se quedó inconsciente tras una explosiva combinación de antidepresivos, alcohol, heroína y valium. Lo que para cualquiera hubiese sido una muerte segura para él fueron catorce horas inconsciente y su corazón sin bombear durante unos instantes. Casi llegó a perder sus piernas. Sus seis meses siguientes los pasó en una silla de ruedas. Aún así, su talento para componer bonitas canciones llamó la atención de muchos y quisieron colaborar con él para el álbum convenientemente titulado “It’s a wonderful life”. Pj Harvey, Nina Pearson, John Parish y el mismíssimo Tom Waits, por el que Linkous tuvo que tomarse más de un whiskey antes de llamarlo, fueron los acompañantes más destacados del disco. Su último disco “Dark Night of the Soul” fue escrito conjuntamente con Danger Mouse con el que también hubo una larga lista de colaboraciones como Julian Casablancas (The Strokes), Iggy Pop, James Mercer (The Shins), Suzanne Vega o Frank Black (Pixies). El disco además iba acompañado por fotografías hechas por David Lynch. Un disco peculiar desde muchos puntos de vista. Fue grabando “Insane Lullaby” cuando James Mercer y Danger Mouse se conocieron, se expresaron su respeto mutuo y casi de inmediato se encerraron y grabaron el que sería el primer disco de Broken Bells.

[Read more…]

Prisoners: el cine no ha muerto

prisoners
Puede que el cine, en cierto modo, nos haya vuelto un poco tontos.
Tras un buen puñado de películas a las espaldas cualquier persona podría llegar a adivinar
algunas soluciones de muchas tramas.
Tantas historias y tan parecidas que puede llegar a ser comprensible bajar un poco la defensa y
acostumbrarse a un producto masticado y dejar de buscar la sorpresa y el entretenimiento que siempre se ha encontrado en el cine.
Después de ver “Prisoners” , y varios días de reflexión más tarde,  me pregunto si ahora el cine se ha vuelto más visual que nunca, en el sentido en el que sea el género que sea. La solución final de una película cuando al principio de la película se había mostrado un personaje o un objeto durante más de tres segundos, advirtiéndonos que ese/eso era un parte importante de la historia y que no debíamos olvidarnos.
Parece que el cine de historias haya muerto para muchos directores.
O dicho de otra manera, nos están insultando e infravalorando sutilmente.
[Read more…]

The Raveonettes: deslumbrar en la sombra

raveonettes-in-out-control
Ha sido y sigue siendo habitual cantar las miserias con una melodía pop y una sonrisa en los labios.
Desde que la música contemporánea existe como tal se ha convertido en la mejor forma de canalizar sentimientos y emociones. Letras que podrían desgarrar el alma, gracias a unos acordes y una bonita melodía, se convierten en algo que se libera como una confesión y nos transforma en más libres y un poco menos tristes.
Los daneses The Raveonettes se mueven siempre en el mismo entorno. Impenetrables, distorsionados, agarrados a la decadencia y a la oscuridad. Pero hace falta muy poco de “In And Out of Control” para darse cuenta que poese territorio tenebroso luce un rayo de sol.
Por encima de las estridentes guitarras se eleva una melodía pop y alegre que encaja a la perfección.
[Read more…]

My Morning Jacket, posiblemente la mejor banda de rock de la historia

my_morning_jacket_press

Tenía apenas 21 años cuando leí no sé dónde (seguramente Mondosonoro porque era gratuita) una reseña del primer disco de My Morning Jacket de la que recuerdo dos referencias que sobresalían por encima de todo: Neil Young y la elegancia vocal de The Beach Boys. Por aquel entonces no había forma de escuchar un disco si no era comprándolo. Era, sin duda, uno de los grandes placeres para un veinteañero. Comprar un disco casi por intuición, con tan sólo unos pocos datos que habías leído en un par de sitios, era una aventura apasionante.
A menudo no cumplían las expectativas, al menos a corto plazo. Quizás una de esas compras desastrosas se ha terminado convirtiendo una joya. Otras veces la sensación era tan asombrosa como descubrir un tesoro oculto.
Algo parecido ocurrió con “At Dawn” (2001) que se convirtió en un hallazgo extraordinario.
Ha pasado más de una década y en mayor o menor medida My Morning Jacket me ha acompañado en mi madurez musical, si es que hay una forma de llamar este tipo de cosas.
[Read more…]

Títulos de crédito: más allá del cine y la tv

lou_c
Siempre me han fascinado los títulos de créditos. Desde aquellos créditos de Batman (1989), el primero que más me impactó, los miro todos como si fueran una película en sí, de hecho muchos aseguran que lo son, y como he escuchado de toda la vida, siempre hay que empezar bien las cosas. Me ha parecido un sacrilegio perder esos minutos importantes para no situar al espectador.
Los créditos han ido evolucionando y ganando seguidores. Por desgracia, pocos les prestan tanta atención como merecen. Fincher siempre ha tenido grandes títulos de crédito en sus películas (desde los míticos de Seven a los increíbles de The Girl With the Dragon Tatoo). Parece que ahora la pequeña pantalla, además de la calidad y creatividad que echamos de menos en el cine, se ha quedado con los mejores títulos de crédito.
Ahí están Dexter, Six Feet Under, American Horror Story, The Walking Dead, Game Of Thrones.
Es que la lista interminable.
[Read more…]

De Lou Reed a Neil Young

lou
Hace poco, cuando Lou Reed, falleció empecé a escribir algo así como unas líneas sobre aquella gente que se llena la boca al nombrar a los grandes de la música y cuando lee en el domincial del periódico un artículo sobre vida y obras de un artista, decide comprarse un grandes éxitos para navidad y más tarde se da cuenta que solo le gustan tres temas.
Recuerdo escribir, además, qué injustas son las portadas de los periódicos (y de algunas revistas) cuando lo podían haber hecho en vida. Lou Reed hasta en la sopa. Siempre me he inclinado por su “Berlín”, así como me he sentido atraído por el “Nebraska” de Bruce Springsteen, disco que muy pocos de los que llenan sus conciertos pueden disfrutar. Es decir, discos que aportan una pizca de pimienta a una estupenda discografía.
[Read more…]

The xx: la grandeza de lo simple

Tuve la suerte de escuchar el primer disco de The xx sin haberme contagiado de todas las críticas y análisis que lo encumbraban como el disco del momento, del año y uno de los elegidos de la década.
Posiblemente, la influencia de los medios en encumbrar (y también en hundir) a muchas bandas seguramente hubiera influido en la primera escucha. Queramos o no, el entorno nos condiciona.
Por eso siempre defiendo llegar a una obra, más si es un primer libro, película o disco, con las menores referencias posibles, y si se es de esa naturaleza curiosa, como un servidor, esperar a que la obra llegue a ti. Forzar las situaciones no es nada bueno.

The-xx

The xx es una banda insultantemente jóven y, por tanto, hábiles con la tecnología, nacidos en la era digital, educados en la rapidez del consumo, conocedores además de mucha cultura musical y, sin embargo, el disco es tan simple y limpio que el resultado tiene tanta personalidad que abruma.
Es por la sobriedad y madurez que presentan.
¿Qué disco publicaran en diez años? Imaginar qué pueden llegar a componer da para reflexionar un rato.
Porque la realidad es que con una guitarra y un bajo, dos simples instrumentos, consiguen una complejidad que muchos encuentran en la espesura. Con The xx las cartas están sobre la mesa.
Entiéndanme, no han inventado nada, pero es una gran satisfacción comprobar cómo aún queda camino por recorrer con seis cuerdas y saber que hay rincones aún para explorar.

Por las canciones no entra ni un rayo de sol. Hay mucha destreza en los sinuosos caminos marcados por las guitarras, acompañadas por un simple bajo y una caja de ritmos que ni entorpecen ni abusan de protagonismo. Porque el silencio forma parte del discurso y dice tanto como las letras, llenas de soledad, tristeza y desamor.

El manejo de las melodías, cantadas a dos voces, da un resultado que hipnotiza. The xx te deja aturdido de tal manera que la experiencia requiere otra escucha para comprobar que lo que has vivido es cierto. Sorprende, en cierto modo, que un grupo tan joven, acostumbrado hoy en día a la mezcla abusiva de instrumentos, saque un disco tan austero y maduro.
Su primer disco, en general, es muy compacto, pocas cosas se pueden criticar, salvo que sus canciones no ayudan a mejorar un día gris.
Resulta muy difícil quedarse con un tema, con dos o tres.

El reto, como ya es habitual, suele ser el segundo disco, al que titularon Coexist que ratificó que la banda no es flor de un día. Saben lo que quieren y cómo lo quieren. No hay mejor manera de demostrar la salud de un grupo sonando en el próximo disco del mismo modo pero con una evolución más. Coexist, a mi parecer, no es tan sombrío (quizás el blanco de la portada no es casualidad) como el primero y aunque se identifican en todas las canciones, desprenden cierta esperanza, como si aún nada estuviera perdido.

The xx es de aquellas bandas que se desmarcan de todo y sobresalen, nadando contra corriente, entre todas esos grupos de los que cuesta acertar los nombres por su parecido. Al final, los más valientes son los que logran sobrevivir la peor de las batallas.

Vampire Weekend: en el riesgo está la victoria

vampire-weekend-modern-vampires-city-cover
Me ocurre pocas veces terminar de escuchar un disco y ponerlo otra vez. Habitualmente tan sólo salvamos cinco o seis canciones, si hay suerte. Como ya he comentado más de una vez por aquí, vivimos en una época en la que manda el single por encima del disco. Parece que tengamos prisa. Hay tanto que consumir que las canciones duran como máximo un mes, y las películas, por ejemplo, dos semanas en taquilla. La oferta es tan bestia que no hay para todos. Así que si me encuentro con el nuevo disco de Vampire Weekend y descubro que se puede disfrutar de principio a fin lo pongo una y otra vez como si fuera una tesoro brillante encontrado en un basurero.
No he sido muy seguidor de la banda americana. Su primer disco no me llamó demasiado la atención, en cambio Contra (2012) sí contenía cuatro o cinco canciones que reconozco que me gustan y mucho.
Con este panorama, no hace falta decir que no esperaba demasiado de Modern Vampires of the City.
A veces equivocarse da una gran satisfacción.
Se ha convertido en mi disco del mes, seguramente del año y probablemente tenga siempre un espacio siempre para él en mi Ipod.
Son a menudo melodías delicadas y complicadas las de Vampire Weekend.
Tanto que parece que vayan a romperse, a caerse del fino cable donde cuelgan.
Funcionan seguramente porque son arriesgadas y como dicen los que salen victoriosos,
en el riesgo está la victoria.

Pero lo que más me ha llamado la atención es la constante sorpresa en las canciones, sea en forma de cambio de ritmo en un guitarra, en la pausa de un par de fantásticas baladas (Don’t Lie, Step: imposible olvidarse de ellas) o en detalles como el final de Obvious Bicycle: una melodía al piano como el cierre de una obra.
Si uno no se aburre a los treinta segundo de una canción, al primer capítulo de una serie o a la media hora de una película es que, de entrada, tiene algo que vale la pena seguir mirando o escuchando, aunque sea por curiosidad.
Incluso la acelerada Worship You, la pegadiza Unbelievers y ese temazo que es Diane Young disfrazado de rockabilly 2.0 o una de mis favoritas, Everlasting Arms, no pierden en ningún caso el tono general del disco, que a pesar de los giros constantes no pierde personalidad.

Como su portada, es a menudo melancólico, pocas veces oscuro pero con esperanza en la sombra.
Maduro, serio, bien interpretado, sin duda, el mejor álbum de Vampire Weekend, que llevará a sus detractores a tragarse sus palabras, al menos hasta el próximo disco.
Y es que cuesta tanto encontrar algo que te seduzca –y que además sea bueno– que lo mejor es repetir en cualquier escenario posible. No se sabe nunca lo que te vas a encontrar.

The Bird and The Bee: inocentes y magníficos

tu081225The_Bird_and_the_Bee480x172

Greg Kurstin es un productor que no posee la fama de algunos como Mark Ronson (Amy Whinehouse) o Stuart Price (Kylie Minogue, Madonna), por poner algunos ejemplos, pero en cambio gracias a sus su abanico de estilos, artistas y géneros le convierte en más versátil que el resto.
Ha producido los últimos discos de Tegan and Sara, The Shins y Foster The People pero también produce y compone canciones para Ke$ha, Dido, Pink, Sophie Ellis-Bextor y Pink. Junto a Lilly Allen prepara las canciones para el musical de Bridget Jones. Es el culpable del mega hit de Kelly Clarkson Stronger (What Doesn’t Kill You) y es el director musical de las actuaciones en vivo de Gwen Stefani.

Entre trabajo y trabajo, Kurstin conoció a Inara George y casi enseguida se encerraron para grabar algunos temas que acabaría configurando el debut de The Bird And The Bee en 2007, con canciones divertidas y sorprendentes a las que les faltaba alguna cosa más. Lo lograron dos años más tarde alcanzando l
Lo sorprendente es que llegara más pronto que tarde.

Muy , muy fan del videoclip:

Ray Guns Are Not Just The Future es uno de mis discos de cabecera. Indispensable para lograr una sonrisa de buena mañana, capaz de resucitarte, animarte y  convertirte en una persona (aún más) feliz sin saber porqué.
El disco contiene doce temas magníficos pero en las que sobresalen cuatro por mérito propio. Es cierto que la primera escucha deja un sabor empalagoso. Al fin y al cabo, es tan naïve que puede que supere algunos oídos acostumbrados a otro tipo de producciones. Basta escucharlo con auriculares (una práctica siempre recomendable para apreciar del todo un disco) para darse cuenta que todos los matices transforman las canciones en un compleja demostración de la capacidad de Kurstin en elevarlas a la categoría de obras maestras. No hay que quitarle mérito a Inara George, quien posee una voz cándida y elegante. Una gran intérprete  (también en la banda The Living Sisters) que hace que su voz combine perfectamente con el tono de las canciones.

The+Bird+and+the+Bee+thebirdandthebee3abyAutumnDeWi

Se pueden encontrar también en las bandas sonoras de Anatomía de Grey o Sex in the City con su estupenda versión de los Bee Gees, How Deeps Is Your Love. Tras Ray Guns Are Not Just The Future, publicaron el (sorprendente) disco homenaje a Hall & Oates y es posible que el recién embarazo de Inara posponga el posible regreso de la banda con temas nuevos. Dicen que lo bueno se hace esperar.

The Good Wife: una serie impecable

McG y Sobrenatural, Brian Singer y House,  Kevin Williamson y The Following, Oren Peli y The River, Gus Van Sant y Boss, Martin Scorsese y Boardwalk Empire; son sólo algunos ejemplos de nombres de la gran pantalla ligados, de un modo u otro, a una serie de televisión. Su nombre, como es habitual, se impone por encima de la historia y su nombre ocupa tanto espacio en los carteles como el título de la serie.
Pero a menudo se olvidan de la más notable de todas ellas, estrenada sin demasiados fuegos artificiales, producida por los hermanos Scott: The Good Wife.

the-good-wife-cast-season-4

En realidad es una de mis series favoritas, aunque lo diga con la boca pequeña, bien sea por que no la tengo tan presente como debería o porque habitualmente salen primero las que copan anuncios de televisión, portadas de dominical y artículos en el periódico.

Mirando atrás es una injusticia comprobar lo poco que se le valora a la serie protagonizada por Julian Margulies. Es sólida, impecable, bien escrita, tiene magníficos actores secundarios y un gusto por el entretenimiento familiar brillante y agradable.
Cinco temporadas en las que no es tarea fácil encontrarse dos episodios seguidos fallidos.
Su regularidad debería hacer sonrojar a las demás que con muchísimos altibajos siguen al pie del cañón defendida por miles de seguidores.
Y sí, claro, perdonamos cinco episodios seguidos terribles de The Walking Dead u ocho temporadas de How I Met Your Mother con el mismo chiste.
Como The Good Wife no tiene toda la publicidad que genera, va dejándose como una moneda de veinte céntimos encontrada en el sofá. No pretende luchar con HBO ni nada parecido, tampoco es su guerra.
Sabe my bien lo que quiere desde el minuto uno.
En una serie de abogados (sí, de abogados, no pongáis los ojos en blanco) y planteado así, parece tener los límites muy visibles pero The Good Wife sabe usar muy bien el espacio.

Hay sitio para la política, los líos amorosos, los casos imposibles y un uso inteligente de la actualidad en sus tramas: enseña pero no juzga como The Newsroom.
Sus estrellas invitadas no se echan de menos, los reparten muy bien.
Así, hemos disfrutado de las actuaciones de Michael J. Fox (en un personaje odioso), de Matthew Perry (muy relajado, nada que ver con Chandler), Amanda Peet (aquí estaba!), Jason Biggs (despegándose de American Pie), Kirstin Chenoweth (sin cantar), Carrie Preston (metida en un personaje maravillosamente divertido), Denis O’Hare (como uno de los mejores jueces que pasan por los tribunales), el más habitual pero no tan aprovechado Zach Grenier o incluso — y como única aparición— el entrañable John Noble.
Son una larga lista de invitados que nunca distrae sino suma a este gran espectáculo.Y hay sitio para todos.

c68f711c-83ce-4837-b738-514288b2cb6f_412x232

Mención aparte merece Kalinda(Archie Panjabi), uno de los mejores personajes femeninos de la historia reciente de la televisión, y que en las últimas dos temporadas se han empeñado en destruir poco a poco. Pero Kalinda es mucha Kalinda. Hacen falta misiles para derribarla.
Matt Czuchry, que intepreta a Cary Agos, crece y mejora a la vez que su personaje.
Ahora ya se muestra sereno, con ambición, pidiendo a gritos más frases de guión. Atención a Cary Agos a partir de ahora.
Pero tengo especial predilección por la composición de Eli Gold que hace el infravalorado Alan Cumming.
Para completar el casting protagonista, mencionar la buena química entre Josh Carles (Will Gardner) y Christine Barinski (Diane Lockhart), la siempre imponente presencia de Chris Noth y el empeño de la protagonista en convertir a Alicia Florrick en algo más que una buena esposa.

En fin, The Good Wife tiene todos los elementos para convertirse en un producto para los paladares más exquisitos del entretenimiento familiar y, por tanto, tiene el riesgo de perderse entre los fuegos artificiales de tantas otras que, aunque duela decirlo, no están a su altura.