Hola Dexter Morgan

Ay, mucho me temo que la desaparición de Dexter Morgan de la parrilla va a ser un golpe duro de encajar. Quizás más que que los pasajeros de Lost, de Jack Bauer, incluso que la familia Soprano o, cuando llegue el momento, de los hermanos Winchester. Tantos minutos compartiendo emociones con todos ellos, uno llega a quererlos y a odiarlos como uno más de tu entorno. Como escribe el músico Antonio Galvañ: vivo en mi serie favorita, la realidad es la que la imita.
Y es que a Dexter hay que reconocerle ser, si no el mejor, uno de los grandes personajes de la historia de la televisión. Un ser humano frío, calculador, sin capacidad de sentir sentimientos o emoción, marcado por la muerte de su madre en la edad en la que uno empieza a recordar.

Un pasajero oscuro, como él mismo lo llama, con el que convive y al que necesita calmar matando maltratadores, asesinos, pederastas, ladrones que se han escapado de la justícia y la policía.
Seamos sinceros, quién no querría un Dexter en cada ciudad. Si es un jodido héroe!
Aquella primera temporada fue una sorpresa incluso para la cadena que la emitía (Showtime) y tras los once episodios perfectamente cerrados hubo que pensar más allá de ese punto y final. La serie renovó para una segunda. Y así hasta hoy en día, a las puertas de la temporada final.
Michael C. Hall, visto en la estupenda Six Feet Under, se entrega por completo y nos confirma las buenas maneras del actor en la pequeña pantalla. Ninguneado en el cine, esperemos que la sombra de Dexter no le pese demasiado. Recordemos que Bryan Cranston empieza a trabajar en pequeños pero selectivos e interesantes proyectos cinematográficos tras perfeccionar a Walter White en Breaking Bad.
La voz en off, con la que se muestra por completo al espectador, está llena de matices imposibles de doblar. Nunca se dirá suficiente: mirenla en versión original, se asombraran de lo que gana cualquier serie o film.

Aunque no se ha confirmado que la octava temporada sea la última seria excesivo alargar el final de la serie que ya ha tenido más temporadas irregulares que buenas, alcanzando el techo en la cuarta temporada y ese final que muchos hubieran dado como un final perfecto (y abierto) a la serie.
Dexter ha tenido tiempo de reflexionar acerca de su vacío existencial de varias formas distintas: la religión, los cómplices, los amigos, la sangre, la atormentada hermana Debra o el amor,  le ofrecen minúsculas reflexiones con las que reflejarse y evaluarse continuamente a sí mismo.
Pero cuando han pasado más cosas puertas hacia dentro es cuando la serie ha perdido garra.
Sin un bisturí en la mano Dexter ha perdido potencial.
La llegada de los sentimientos con la cara de Yvonne Strahovski (Hannah McKay) han desvirtualizado el perfil del asesino al que creíamos de acero en estos asuntos.
Se ha querido matizar tanto el perfil de Dexter, rellenar tanto los espacios entre líneas que dejaba el personaje que lo han convertido a menudo en un producto más literario que audiovisual.
Claro, los guiones ganan en matices pero han perdido muchas cosas por el camino, como por ejemplo, los personajes secundarios, lo que deja demasiado peso a la trama principal.
Se está terminando, como todo lo bueno, aquellas series que hace años que todo seguimos y cuesta vislumbrar la misma pegada y solidez de muchas que están archivadas en nuestra estantería y memoria.