gUILLeMOts

“Oh, stay with me my baby, i know i’m not an easy ride, 
but i’ll do anything to keep you by my side”.




gUiLLeMoTs han conseguido emocionarme más de lo que podría confesar. La voz de Fyfe Dangerfield tan delicada y a la vez tan valiente y entregada es, sin duda, una de las bazas de la banda que logran con sus melodías que recuerde una vez más el olor del mar, el de las montañas y el de la hierba tras la lluvia, convirtiendo sus temas en una experiencia tan onírica – como ridícula – por irrepetible y sensorial.

Hello Land! bebe precisamente de los elementos de una naturaleza que interpretan en un diálogo magnífico entre los instrumentos. 
No es pop, ni rock, ni folk. 
Cuesta mucho encontrar referencias en los discos de gUILLemoTs.
Intentar averiguar sus influencias, de dónde proceden sus letras. Qué sienten mientras las escriben en un cuaderno es algo completamente imprescindible para mí, que tanto me gusta rascar para que salgan nuevas bandas o fuentes, en definitivas, culturales.
Y yo que soy tremendamente curioso en estos aspectos he bajado los brazos para rendirme.
Creo que lo mejor para escucharlos es dejarse llevar por los paisajes que sugieren sus canciones, entender las letras – cada vez mejor escritas – y comprobar que gUILLemoTs interpretan sus temas.
Más que cantarlos y tocarlos transmiten una emoción distinta que habitualmente se pierde
cuando uno graba en estudio.
Una virtud que puede jugar en contra. 
Si no conectas déjalo estar: aún no es tu momento.




No sólo Trains To Brazil y Made-Up Love Song #43 de su debut lograron levantarme del asiento sino que provocaron que Red, publicado dos años más tarde, me sorprendiera gratamente dada la variedad encontrada en el disco.
No tenía nada que ver con el anterior y aún así seguían siendo reconocibles, identificables en todo pero en nada. No era su estilo, era su manera de realizar las cosas. 


Aunque confieso que Walk the River lo aparqué bruscamente frunciendo el ceño. 

Después de los dos primeros discos esperaba una línea parecida, aunque quizás, se necesita la distancia del tiempo para reencontrarme con él otra vez. Quién sabe.
Pero cuando llega un disco como Hello Land! y hay una compenetración tan inmediata es difícil no derramar alguna lágrima mientras suena ByeByeLand, los dos temas en uno de Up on the Ride, la maravillosa introducción de Fleet o la cálida melancolía de Nothing’s Going to Bring me Down.
Con más instrumentación que nunca, el disco crece con las escuchas, se descubren todos los matices y el trabajo realizado tras cada tema. 


“Cry loud Little tears, and try to be the best man again, i couldn’t get any longer anyway”
.


No hay día en que los escuche y no descubra un detalle más que me obligue a aplaudirlo una vez tras otra.

Son nada más que ocho temas que atraviesan el pecho y el estómago para escucharlos con los ojos cerrados, y a oscuras si hace falta, y si se escapa una lágrima no pasa nada: 
no será la última.