Jake Bugg y el paso de los años

El otro día estaba disfrutando de un café al Sol cuando pasaron dos jóvenes a los que seguramente doblaba la edad. En un ejercicio que, sin duda, demuestra que nos estamos haciendo mayores vi reflejada mi adolescencia en el rostro de esos chavales. El acné, el pelo largo, esa mirada de aquel que cree que el tiempo es elástico y que lo que uno vive duele y emociona a partes iguales. La búsqueda constante para encontrarse a sí mismo, pertenecer a algo.

Quizás porque mi huida de la gran ciudad a vistas más tranquilas me ha apartado de paisajes donde los niños se dividen por la forma de vestir, por el peinado y, como no podía ser de otra forma, por la música que escuchan.
No tengo nada en contra de aquellos niños y niñas que escuchan One Direction, Pitbull, Ke$ha o David Guetta, bueno, qué coño, claro que estoy en contra. No lo entiendo.
Aún no comprendo qué ha pasado con el sentido común y con el gusto por el música.
Cuando tenía granos en la cara y pavos en la cabeza, los grupos que estaban de moda eran Nirvana, Green Day, Blur, Oasis, Rem o Radiohead y un largo etcétera con una mejor calidad musical que los de ahora. Y sí, llenaban portadas de revistas y las niñas se forraban las carpetas con Damon Albarn y Kurt Cobain, incluso sonaban en la radio y cuando habían programas de música en la tele ponían hasta videoclips.

Así que permítanme este ataque de excitación al ver dos chavales con chupa de cuero, pantalones de pitillo y camisetas de Metallica pasar ante mí. Bien por ellos.

Ellos han tenido inquietud, algo que falta mucho hoy en día, como voy repitiendo demasiado a menudo por aquí (joder, eso es la edad).
Así que un aplauso para ellos y para Jake Bugg, un chaval del 94 que ha aprendido a tocar la guitarra de un modo autodidacta y a través de YouTube.
Su disco homónimo, con un sonido parecido al resultado de la suma entre The Last Shadow Puppets y Johnny Cash, ha restaurado mi fe a la humanidad: Justin Bieber es de la misma quinta y Bugg ha hecho un disco que no es una obra maestra pero al que hay que tener muy en cuenta a partir de ahora.

No en vano ha sido telonero de Noel Gallagher, Stone Roses y The Killers.

Puede que sea flor de un día y se desvanezca con el tiempo y la maldición de los segundos discos pero el estribillo de Two Fingers, el carácter de Lightning Bold o la madurez que destila el chaval con temas como Trouble Down y Ballad of Mr. Jones provocan mi más sincera admiración.

Uno empieza a hacerse mayor cuando asegura que no hay nada mejor que lo que él ha vivido, leído y escuchado, así que permítanme retroceder unos cuantos años y disfrutar del presente que me estoy inventando.