El Whiskey de Jay-Jay

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Siempre me he considerado un mal fumador: puedo estar días, semanas o meses sin darle una calada a un cigarro. Para qué fumar entonces, dirán algunos, la respuesta como diría el poeta, está escrita en el viento.
También soy mal bebedor: el whiskey solo me obliga a fruncir el ceño y sacar la lengua tras el trago. Falta de costumbre quizás, o puede que, sencillamente no me guste, que no todos hemos nacido con el molde perfecto para ser un macho ibérico de toda la vida.
Aún así, con el disco Whiskey del excéntrico Jay-Jay Johanson me entran ganas de convertirme en un ser despreciable. Beber sin comer nada, fumar hasta toser, tumbado en una cama sucia de un motel de carretera cualquiera y el Sol dibujando ríos de sudor por la frente y el pecho.

Y no, no es que Whiskey rezume tosquedad, o contundencia. Sigo creyendo que es un disco elegante, pero con un atmósfera no apta para según qué días soleados. Asfixia e ilumina a partes iguales. Algunos temas son desgarradores, las letras no pueden ser más tristes, te parte el alma y cuesta salir del disco aunque dure unos escasos 37 minutos. El sueco tiene una voz delicada y un discurso muy personal, convirtiéndole en un artista poco accesible, lo que quizás le ha apartado de las grandes ventas y las buenas críticas aunque la bailable On the radio sea probablemente su tema más comercial.

Aún así es un músico coherente y regular, capaz de componer canciones electrónicas con una delicadeza natural. La combinación es perfecta.
Es el primero de sus muchos discos de una carrera que ya supera los diez años. No todos pueden decir lo mismo. Aunque sus otros discos contienen temas que son realmente excelentes, en mi opinión Whiskey destella calidad por todos los costados. A mi, que me cuesta acceder a la música eltectrónica, de la que no entiendo muchos de sus subgéneros, me resulta imposible no rendirme al Whiskey de Jay-Jay e imaginar lo duro que soy bebiéndome un Jack Daniels on the rocks aunque esté ahora con un zumo y un cigarro a medio terminar desde hace una hora. En fin.