Olive Kitteridge, una serie de acción emocional

De Frances McDormand podríamos decir todos que es una gran actriz. Su aparición es una garantía en cualquier película pero, a pesar de la lluvia de elogios y algunos premios gordos, siempre se ha mantenido al margen del recuerdo del público. Ha escogido con precisión sus trabajos y sus experiencias en grandes producciones (Transformers,por ejemplo) le han servido para ingresar un poco en su cuenta corriente esperando proyectos que, en realidad, la llenen personalmente.
Leyó Olive Kitteridge, se enamoró de la novela, del personaje, compró los derechos y se encargó personalmente en llevarla a la pequeña pantalla. Contrató directora, guionista, buscó compañeros de reparto y convenció a HBO para que la emitieran. Un proyecto pequeño, cuidado con esmero y cariño, consciente que el material que tenía entre las manos no podía usarse a la ligera.
Cuatro episodios magníficos que nos cuentan las vivencias de una mujer con muy mal carácter que amarga la vida a todos aquellos que la rodean, incluso a su propio marido (Richard Jenkins) y a su hijo. Su vida, llena de desilusiones, frustaciones y sueños rotos es el eje principal del cual giran todas las tramas. Lejos de ser una serie de la cual poco interés puede haber mas que contemplar la vida de una mujer en un pequeño pueblo de Nueva Inglaterra, los cincuenta y cinco minutos de cada episodio pasan sin darse cuenta. Su guión, bien estructurado, no pierde el interés en ningún instante, algo que tiene gran parte de culpa el personaje principal que atrae como un agujero negro las miradas, las exclamaciones y las sorpresas de los espectadores.

olive-kittridge-

Porque en Olive Kitteridge es una serie de acción pero hay emociones en lugar de explosiones, sonrisas por fuego, tristeza como una persecución frenética, siempre a punto de alcanzarte, y dolor como si fueran puñetazos en el estómago. Suceden tantas cosas invisibles, indetectables, pero a la vez cercanas e identificables con cualquiera persona humana, que cuatro episodios parecen pocos.
Es desde ya uno de los grandes personajes femeninos de la reciente historia televisiva (perdóname Alicia Florrick) y el trabajo de Frances McDormand sería, a día de hoy, imperdonable que no se le reconociera su trabajo con un premio, así como el del siempre magnífico Richard Jenkins.
Una de las mejores series del año. Ahora que empiezan a configurarse las tan odiadas listas, la veréis.