La Casa Azul: Lo difícil es hacer reír

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Tras más de una década y decenas de canciones y sentimentos más tarde, aún hay quien cree que La Casa Azul es sinónimo de música pegajosa, alegre e infantil dicho de un modo peyorativo.
Seguramente los que fruncen el ceño con la música de Guille Milkyway harían ascos de The Supremes, Earth Wind & Fire y a los mismísimos Beatles, por decir sólo algunos, si surgieran en la actualidad.
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La Fortaleza de Antonio Galvañ



Respeto muchísimo a Antonio Galvañ, uno de los mejores compositores del país, un profesor de música para niños que, de vez en cuando, publica discos de un valor incalculable. Siempre situado en un plano secundario, Parade (nombre bajo el que se esconde) se mantiene muy lejos de los focos, tanto que Maldita Nerea o parecidos poetas del tres al cuarto siguen publicando discos y, lo que es peor, que muchos ven en ellos la última maravilla del mundo.

En fin, cada uno escucha lo que le da la real gana, lo que realmente me incomoda es lo que uno puede llegar a perderse. Hay tanto que queda al margen que da pena que no tengan las mismas oportunidades.
Lo digo yo, sí, un tipo demasiado selectivo y que señala con aires críticos – y fácilmente– aquellos que copan las listas de ventas y los programas de radio. Pero qué le voy a hacer.
La Fortaleza de la Soledad (2009) es uno de esos discos que me llevaría a una isla desierta,
va más allá del concepto de disco: se escucha y se lee con el mismo interés.
Por los quince temas del disco se cruza el tríptico Rainbows Avenue, siete cortes que nos explica la historia de Don Ricardo y Doña Soledad, escrita con poquísimas palabras pero que no necesita más para ser visualmente poderosas.

Nadie te encontrara, nadie te buscará.

En la fortaleza de la soledad hay que resisitir, punto y final

 
Parade tiene una voz muy personal. Canta sobre superhéroes, sobre física, monstruos, robots, zombies y cultura popular con un discurso muy cercano. Pero el poder se lo lleva la elegancia en sus composiciones, unas melodías pegadizas y preciosistas, muy cercanas a la perfección de los musicales, al trabajo metódico de un músico artesano con un resultado que no entiende de años, de modas ni géneros.
Funciona siempre por la sencilla razón que son canciones brillantes.
Así que personalmente me resulta imposible no ceder a todo ese preciosismo y emocionarme.Yo, que soy tan ignorante como curioso, no conocía a Parade con suficiente profundidad antes de La Fortaleza de la Soledad, más allá de unas canciones añadidas en recopilatorios. La posibilidad cercana de una colaboración con Guille Milkyway (quien puso el nombre de su banda La Caza Azul por una canción de Parade) daría un brillante resultado.El catalán, que siente admiración por el murciano, ya ha hecho versiones que no superan la original, convertida desde el primer instante en una de mis preferidas.

Materia oscura, publicado en 2012,  no tiene la misma inspiración que el anterior y, aunque el EP Parade en el Estudio Ghibli, tiene en Totoro y Chihiro momentos estelares, espero con ansias un nuevo largo de este músico que, sin duda, guarda un rincón especial en mi biblioteca musical.