Sons of Anarchy, la olvidada



Homeland es una serie cojonuda, de las más brillantes de los últimos años, de ese tipo de series en las que sus imperfecciones no importan demasiado. Te noquea de tal modo que las pequeñeces se ignoran sin problema.

Breaking Bad, amigos, es una bomba de relojería, posiblemente la primera que le diría a un tipo que nunca ha visto una serie. Mad Men es brillante en sus guiones.
Game of Thrones y The Walking Dead atrapan a millones de seguidores con total merecimiento.
Con sus más y sus menos pero ambas son extraordinarias.
A este punto es donde me pregunto qué diablos pasa con los chicos de Sons of Anarchy,
que nunca son recomendados en tertulias (cada vez más frecuentes) sobre aficiones televisivas,
cuando es una de las más desgarradoras y brutales de la parrilla actual.
Kurt Sutter,  su creador, es un cabroncete de mucho cuidado.
Sabe colocar muy bien las piezas en el tablero, sabe preparar a sus personajes en situaciones extremas, los esconde y manipula, los atrapa, los sitúa al frente y los envuelve en un sucedáneo de tragedia griega que hace que la serie se vuelva irresistible.
Uno de sus grandes problemas es que es incapaz de rematar lo que promete, no se decide nunca a enseñar los dientes, hiere sin matar, golpea sin hacer sangrar.
Es una lástima porque tras su flojita tercera temporada – las dos primeras, excelentes – la cuarta es tan bestia que la resolución en los minutos finales decepciona enormemente.
Y aquí es donde existe la diferencia entre las buenas series y las obras maestras.
Pero no por ello Sons of Anarchy deja de tener momentazos, de los más impactantes de la televisión actual.
Por si alguien no lo sabe, comentar que trata sobre un club de moteros de Charming, una población ficticia. Así, a bote pronto, parece que no hay mucho donde rascar.
La historia se centra en Jax Teller, vicepresidente, que empieza a cuestionar los actos ilegales del club y de los suyos propios.
Pero a partir de ahí es cuando las manipulaciones sobre la verdad y la mentira, los intereses, la fidelidad y la violencia pasan a convertirse los platos fuertes de la serie y te das cuenta que más allá de las motos, la carretera, la gasolina y los tatuajes hay algo por la que merece quedarse.
Todos sus personajes están perfectamente escritos, aunque algunos frenen en seco por consecuencia de los fallos que antes comentaba. Mención aparte la tiene la gran Katey Segal (vista en Lost y The Shield, escuchada en Futurama ) como la matriarca, Ron Perlman (Hellboy), Mark Boone Junior (Batman, Memento) de menos a más y un cada vez más convincente Charlie Hunnan, poco visto en el cine pero que estará en la aún no estrenada pero prometedora Pacific Rim (Guillermo del Toro).
Las miradas entre este y el bruto de Perlman sacan verdaderas chispas casi una de las señas de identidad de la serie, como su banda sonora que acompaña los momentos más épicos de la historia.
Y claro, cuando alguien habla de Homeland o Breaking Bad me acuerdo de SOA y estoy convencido que cuando la gente se dé cuenta que existe la situarán más arriba de lo que merece.